Esculturas y cuentos

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Vuelo en "V"

Cuando la joven y futura reina de Inglaterra le prometió amor eterno, el príncipe Alberto de Sajonia se rebosó de alegrías, y entonces le enseñó a las aves del reino a volar en "v", en honor a su amada Victoria. Ahora viajan así por todos lados.

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Todo terreno

Alexander Stanley dirigía una gran fábrica de herramientas al sur de Marruecos, pero su futura esposa vivía al otro lado del Mediterráneo, y necesitaba en qué viajar cada vez que sucumbía a unas ganas locas de verla ya.

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Al vuelo

Una fría mañana, el niño descubrió que al percherón de la finca le salían grandes chorros de humo por las narices, y fue cuando supo que las nubes debían estar llenas de caballitos voladores escondidos entre sus propios resoplidos.

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Puedes enchufarte

Estaba muy triste por lo difícil que era aquello de lograr la iluminación interior, pero cuando oyó a su mujer decirle que estaba lista su cena favorita y que ya podía enchufarse, se le alegró hasta el alma.

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La ola del caracol

Cuando quería soñar con una tregua como de inmensidad de mar, se enrollaba; entonces escuchaba el canto de una ola que la sumergía hacia la salida que tenía por dentro.

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El caballo del navegante

El navegante dijo que había sido un regalo de su abuelo, quien lo mandó hacer con la cabeza bien en alto, a la manera de un faro. Pidió además que le pusieran ruedas cuadradas para evitar que nieto y juguete se salieran de la barcaza impulsados por el oleaje en alta mar. Alguien más comentó haber visto uno así, en un zoológico de Sur América, vivo y pastando.

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Ballena jorobada

Aunque no tiene cuerdas vocales, canta como los ángeles; en eso pensaba Cousteau cuando una inmensa ballena jorobada se lo tragó entero. Adentro se encontró con unos místicos soplando unos raros instrumentos. Estos, sorprendidos por la visita, con rapidez le mostraron la salida, explicando que vivían allí desde los tiempos de Jonás.

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Tortuga voladora

Preocupados por la desaparición de unas estrellas, los vigilantes de la noche descubrieron a una tortuga voladora que confesó haberlas puesto dentro de su caparazón, pues allí las noches eran muy oscuras.

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Los pelícanos

Cuando el crío preguntó por qué tenía las alas y el pico tan grandes, ella estuvo a punto de decir que la vida era comer y volar. Pero un sentimiento repentino, del tamaño de dios, la hizo exclamar que ellos atendían al llamado de los peces que, listos para dejar el agua, deseaban ser parte de las aves y surcar los aires.

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Fragata veloz

Una madrugada, el fondo del mar vio pasar la fragata de Rafael, más veloz que los vientos. Llevaba días persiguiendo por todo el Pacífico al amanecer, convencido de que a la luz de ese sol su vida se tornaría cálida y serena por siempre. En el doceavo día, Rafael lo logró: sintió su alma crecer al tamaño del océano y vio salir, de entre su propio corazón, al sol de la mañana. Aunque fue algo momentáneo, como la huella que dejaba su fragata al surcar el mar, el rumbo de su vida cambió.

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Caballito de mar

De vacaciones, José Pavlov desembarcó en su islote con un hermoso caballo, para enseñarle a nadar en aguas profundas. No fue en vano; una madrugada se despertó con todo el océano a la altura de la cama y creciendo, y fue gracias al caballo que pudo alcanzar tierra firme. El susto le pasó cuando confirmó que el océano no estaba subiendo, sino que el islote se había estado hundiendo.